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Diario de un interino: pitar por pitar. Por Francisco J. Fernández

Decía el gran futbolista y entrenador serbio Vujadin Boškov, fallecido hace poco más de un año, que “fútbol es fútbol”. Lógico, ¿no? Parece una sentencia poco más que simple, digna del también gran futbolista (no tan gran comunicado) Michel.

Fútbol y política

Sin embargo, para algunos, parece que fútbol no es solo fútbol, es algo más, es el marco en el que trasladar determinadas reivindicaciones. Es un foro político. Ya pasó con el teatro durante la Dictadura franquista. Pero, en aquellos años era normal. La férrea censura impuesta por el dictador generalísimo provocó que el teatro (y la literatura en general) se convirtiera en un medio con el que denunciar la situación de miseria económica, social, política y humana que vivía España. Con la democracia, esta situación se diluyó, pues surgieron nuevos foros en los que estaba permitido opinar: debates, televisión, incluso la misma calle se convirtieron en las ágoras en las que la gente criticaba, defendía o proponía alternativas.

Hoy en día, siguen existiendo esos lugares. Sin embargo, para unos cuantos (bastantes, parece ser), el lugar ideal para reivindicar la independencia de comunidades autónomas como Cataluña o País Vasco es la final de un campeonato futbolístico.

Mi postura, al respecto, es ambigua, y, quizás por ello, seré criticado. No apuesto por utilizar la final de la Copa del Rey como reivindicación política, pues hay otros foros y ese día, como aficionado, me apetecía disfrutar simplemente de un espectáculo deportivo.

Es triste ver que muchos de esos que pitaron ante el himno y ante el rey (y ante el resto de españoles) sean, luego, incapaces de manifestarse o reivindicar eso que tanto anhelan, legítima postura que solo defienden en la barra de un bar (y en los estadios de fútbol).

Formato inoportuno

Sin embargo, tampoco creo que la solución sea sancionar, sancionar y sancionar, pues la libertad de expresión ampara la crítica a los símbolos del Estado porque, al fin y al cabo, no son más que eso: símbolos.  La reivindicación es legítima, pero el formato es inoportuno, aunque, desde mi punto de vista, no ilegal.

Tampoco me parece coherente la postura de aquellos que se han llevado las manos a la cabeza al ver cómo “atacan a los símbolos de la nación”. Estos que han echado espumarajos por la boca ante la pitada no se han inmutado al ver cómo durante cuatro años el Gobierno ha destrozado el Estado del Bienestar. No se han indignado al quedarse en la calle, sin trabajo y con subsidios míseros. Pero, eso sí, se han sentido morir cuando han pitado el himno español. Más cultura democrática, por favor. Para los dos.

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