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Diario de un interino: Anoche tuve un sueño. Por Francisco J. Fernández

Anoche tuve un sueño. Soñé que me despertaba el espíritu de las desgracias pasadas. O presentes. O futuras. Soñé que viajaba y que mi compañero me guiaba por un mundo destrozado por la avaricia, el dolor y la venganza. Soñé que viajaba al país de los hombres lobos para el hombre. Y desperté después y vi que era real. Y quería soñar que soñaba.

Destrozar la historia

El espíritu de las desgracias pasadas me llevó a la cuna de la civilización, de las civilizaciones. Y allí vi a unos hombres matar en nombre de un dios, que, a su pesar, predica la paz. Estos soldados querían convertir el mundo en un gran califato para gobernar con puño de acero imponiendo sus creencias a propios y a extraños, a musulmanes y a ateos. Y les vi destrozar su historia y su arte, solo porque parte pertenece a etapas anteriores a su profeta. ¿En qué nos convertimos si rechazamos y hacemos desaparecer nuestra infancia, aquello que nos formó y nos hizo convertirnos en lo que somos?

Poco después, en un fugaz instante, habíamos viajado a una tierra llamada Ucrania y nuestros espíritus, el mío y el de mi guía, se encontraron en la línea de fuego. Y allí vimos a hermanos disparándose, matándose por imponer los deseos de otros. También observamos a la pobre gente pobre sufriendo los desmanes de aquellos que dicen que luchan por ayudarlos.

El siguiente paso nos llevó a Kenia. Nos sorprendimos con los cadáveres de más de 150 personas asesinadas cruelmente por pensar diferente, solamente por pensar. Vimos cómo la crueldad humana se ceba con los más débiles. Pero, tristemente, también observamos que las cámaras y los focos de la información apuntaban hacia fuera, hacia otros destinos más interesantes. Y, al fondo, pensativo, vi a un presidente del Gobierno preguntando por Nigeria.

Disparos entre iguales

Luego viajamos hasta una frontera donde hombres y mujeres que se parecían demasiado se apuntaban con cañones, pistolas, metralletas y palabras. Y odio, mucho odio precocinado, sazonado con varios kilogramos de injusticias y de engaños. Y, sorprendido, vi cómo coreanos a ambos lados del paralelo se miraban y esperaban ansiosos para poder disparar.

Posteriormente, los dos viajeros fueron a una ciudad europea, una capital del primer mundo. Por momentos, creía reconocerla, parecía Madrid. Pero, al momento, se convertía en Londres y poco después era la Torre Eiffel la que presidía el horizonte. Y en todos los casos veía la misma imagen: la pobreza y la opulencia. En estas ciudades vi a ricachones que reían mientras un joven vagabundo sacaba basura de un contenedor y daba de comer a sus retoños.

Y luego viajamos a muchos sitios más en todos los continentes de este desdichado mundo. A muchos sitios olvidados. Y vimos sufrimiento y dolor, mucho dolor. Anoche tuve un sueño, o más bien una pesadilla. Anoche soñé con el mundo, con un mundo enfermo. 

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