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Pero ¿por qué no te callas Cayo?

Desde que el pasado 2 de junio Juan Carlos I de Borbón, a la sazón Rey de España por ya escasas horas, anunciara su decisión de abdicar la corona en beneficio de su hijo y heredero, el inminente monarca Felipe VI, diversos debates asoman en mentideros políticos y periodísticos.

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Por una parte hay quienes están mareando la perdiz acerca de si el acto de proclamación, que no coronación, de Felipe VI debe ser más o menos sencillo o debe tener más o menos boato y en vez de ser un acto con marcado carácter doméstico debería, como ha sucedido en las últimas proclamaciones de nuevos monarcas en Europa, ser algo más de postín y contar con el mayor número de dignatarios internacionales posibles que se acerquen al Palacio de Oriente a “besar la mano” a Felipe.

El segundo de los debates que a unas horas de que Juan Carlos I firme su abdicación está en el hecho de si éste debe ser aforado o hasta que nivel debe llegar ese aforamiento.

Como uno más de los sainetes a los que nos tiene acostumbrados el portavoz de IU en el Congreso y coordinador nacional de esta formación, Cayo Lara, envió ayer una carta al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en la que indicaba el no existir motivo alguno para hacer excepciones con el "ciudadano Juan Carlos de Borbón" ante la reforma que prepara para acordar el aforamiento del rey tras su abdicación. Lara pidió también al jefe del Ejecutivo que acometa "de una vez" el régimen de aforamiento del que disfrutan, entre otros, diputados y senadores, unos 10.000 cargos públicos, según algunos cálculos, para que se limite exclusivamente a la función pública que ejercen y quede excluida su esfera privada. Además, recalcó que ha de imperar el principio de "igualdad" para todos los ciudadanos, incluido el monarca, y ha pedido al presidente que informe al Congreso de sus "pretensiones" y hable con los grupos parlamentarios antes de aprobar el aforamiento del rey Juan Carlos.

El ciudadano Lara está en su derecho de opinar eso, faltaría más, pero quizás se ha olvidado de que además de ciudadano, pertenece a una élite, el término casta lo usan otros, llamada Diputado. Cuando el ciudadano-diputado Cayo Lara recurre al principio de igualdad de todos los ciudadanos debería recordar que como obrero –de lujo- del Estado cuenta con una serie de prebendas de las que un cartero, un minero o un cura de pueblo no disponen. La primera, el aforamiento. De hecho, a día de hoy, él es aforado y el futuro rey Felipe VI no lo es. Pero además de aforado, Cayo tiene un sueldo base de  2.813,87 euros, al que hay que sumar dietas, ayudas y otra serie de complementos; recibe 870, 56 euros en concepto de ayuda para pagar los gastos de hotel o alquiler en la capital y los dispendios en comidas; no pagan ni un billete de avión y tiene 250 euros al mes para taxis, el Congreso le sufraga un plan de pensiones; Adsl, Ipad y Iphone gratis. Sin entrar en si se está de acuerdo o no con estos privilegios, que es harina de otro costal, la pregunta que habría que hacer al ciudadano-diputado Lara es ¿eres igual que otros ciudadanos Cayo? Una vez obtenida la respuesta, la siguiente pregunta sería ¿por qué no te callas Cayo?

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