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Javier y Oscar Velasco Gascón, alfareros: Nuestra apuesta fue mantener la tradición y seguir trabajando en el torno”

En vísperas de la celebración de la décimo sexta edición de la Feria de la Artesanía y el Ajo de Portillo, esta pareja de hermanos nos hablan de aspectos específicos de su oficio así como de la repercusión e importancia que este evento tiene, no sólo para los expositores, sino para el municipio.

Javier y Óscar Velasco Gascón en plena tarea.

Juan J. Villalba Pinilla

Los hermanos Javier y Óscar son los responsables de la alfarería ‘Velasco Gascón’ situada en la Avenida de Segovia de Arrabal de Portillo. Llevan desde 1990 al frente de un  negocio que heredaron de su padre, Domi, quien a su vez comenzó a trabajar como alfarero hace unos 60 años. Este año, por tanto, celebran sus particulares bodas de plata. Además, y por si fuera poco, la familia de su madre también se dedicaba al oficio. 

Javier, erigido en portavoz de la entrevista, nos apunta lo poco que ha cambiado la forma de trabajar en estos 25 años. “Nuestra apuesta fue mantener la tradición y seguir trabajando en el torno alfarero”. Tal y como muestra Óscar, que sigue modelando un trozo de barro mientras su hermano responde a nuestras preguntas, las técnicas de trabajo no han cambiado nada puesto que son las manos del alfarero las que van dando forma al barro original mientras el torno, que hace décadas pasó a ser eléctrico, gira y gira. Donde más se ha notado la evolución, nos cuentan, ha sido en los hornos al sustituirse los de leña por los de gasoil.

“El trabajo es 100 por cien manual tal y como se ha hecho durante siglos –aclara-. Lo único que ha evolucionado es la tracción ya que antes era el propio alfarero el que movía el torno y ahora es tracción mecánica. Al principio fue complicado y arriesgado aferrarnos a esta tradición porque decidimos no tener máquinas, pero creo que el tiempo al final nos ha dado la razón y hemos encontrado nuestra pequeña parcela donde estamos muy bien ubicados a pesar de la situación actual. En Arrabal todos tenemos una línea de trabajo similar que nos ha permitido diferenciar nuestros productos de los que se fabrican en otras partes de España”.

Si la fabricación de las industrias alfareras está destinada generalmente a las grandes superficies, las vasijas y objetos que salen del trabajo de estos dos hermanos van a parar principalmente a la hostelería, al consumidor final o incluso a tiendas de pueblos turísticos en la costa. “Nuestra producción tiene un uso fundamentalmente alimentario pero en estos dos últimos años también hemos encontrado un hueco en la artesanía. Las páginas específicas de artesanía y la venta on line también nos ha abierto muchas puertas”.

Con estas explicaciones es necesario conocer, a juicio de estos hermanos, si tanto sacrificio y el haber antepuesto la tradición a un producción industrial y en masa es reconocido y valorado por el público. Parece que para ellos la respuesta es afirmativa. “Cada día se está valorando más el trabajo del artesano pero ha sido una lucha interesante de hacer ver. La gente siempre ha asociado el barro con un uso de primera necesidad, que así ha sido, y por ello ha sido barato. Sigue habiendo gente que piensa que tiene que seguir siendo así pero esto está cambiando. El público cada vez valora más el que un artículo esté hecho a mano y sabe diferenciar un cacharro hecho a mano del que está hecho a máquina: se ve en el aspecto y siempre da mejor resultado uno hecho a mano. Cada vez se acepta más la artesanía y su valor añadido”.

El proceso de elaborar una pieza

¿Cuáles son las fases de elaboración de una pieza de barro? ¿Cuánto tiempo transcurre desde que el artesano da forma a un trozo de barro hasta que éste se puede poner a la venta? Como explica Javier, “en este trabajo es la propia producción la que te marca los tiempos. A veces quieres abarcar más y no puedes”.

Lo primero que se hace en el proceso productivo es tornear la materia prima y generar la pieza. A partir de ahí viene un  trabajo laborioso y complicado porque es donde el alfarero tiene que mostrar parte de sus cualidades de controlar el oficio. El siguiente paso sería secar la pieza. “En verano utilizamos el calor del sol y en invierno los calores que desprende el horno. Hay que tener cuidado, sobre todo cuando  secamos al sol, porque hay que mover la pieza para que seque por igual. Además hay que lavarla porque con tanta manipulación pueden haber quedado los dedos marcados”. Una pieza pequeña puede estar seca en dos días mientras que una pieza grande necesita más. Cuando está totalmente seca, se hace el esmaltado de la pieza y se ‘encaña’ el horno o lo que es lo mismo se llena de piezas y al día siguiente se cuece.

“En Arrabal lo hacemos así aunque hay en sitios que las piezas requieren de ‘bicocción’ y de que las piezas haya que cocerlas una primera vez antes de aplicarla el esmalte. En cuanto a la cocción, nosotros aplicamos una curva que dura unas 24 horas de subida de la temperatura del horno hasta los 1.000 grados y de bajada y enfriamiento. Tan importante es la subida como la bajada. No se puede bajar de golpe porque se podría romper todo. Tras este proceso el cacharro ya estaría listo y a partir de ahí se podría comercializar”.

Explicado este pormenorizado relato del proceso de fabricación hay que tener claro que en condiciones normales el ciclo de elaboración de una pieza es de unos 8 días.

La incidencia de la Feria de la Artesanía y el Ajo

“Desde que nació a nosotros nos interesó acudir a la Feria. No sólo nos interesó sino que la Feria nació de una conversación entre cuatro amigos tomando una cerveza” señala Javier. Para estos dos hermanos, más que ser un escaparate para todos y cada uno de los expositores que durante dos días muestran sus productos, la Feria es un “escaparate para el pueblo. Aparte de la promoción de nuestro producto, puesto que mucha gente es la que pasa por la Plaza de Pimentel durante dos días, nos interesa la promoción del propio pueblo; que venga mucha gente ese día o a lo largo del año va a haber para todos. Lo que nos interesa es que cuando alguien fuera de aquí necesite barro sepa que en Portillo lo hay y que si viene a comprar barro no se vaya sin él sea del alfarero que sea. Esta labor de difusión la ha cumplido la feria perfectamente a lo largo de estos dieciséis años.  La gente viene, observa nuestros productos y nuestra forma de trabajar y luego sí que tienes visitas que provienen de este fin de semana”. 

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