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La Casa de Cultura de Viana alcanza su cuarto de siglo

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  • El técnico de Cultura del Ayuntamiento de Viana de Cega, Juan Jesús de Lamadrid, recuerda como fueron los inicios de la instalación y cómo ha sido la evolución de la actividad socio cultural del pueblo en estos 5 lustros

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Cuando en el horizonte se atisba la construcción de un nuevo espacio cultural, cuya primera fase está a punto de arrancar en la parcela que antaño ocupara el Complejo Aloha, Viana de Cega recuerda en este 2021 el cuarto de siglo de la entrada en funcionamiento de su actual Casa de Cultura.

Testigo de ello es quien desde entonces ha ejercido como Animador Socio Cultural en el municipio, Juan Jesús De Lamadrid Casorrán, que recuerda que los principios no fueron fáciles. “La concejala de Cultura de entonces, Arancha Hernández, se pegó una ‘currada’ de muy señor mío intentando equipar medianamente la instalación para que estuviera disponible. Hicimos coincidir la fecha de la inauguración con los Carnavales para incluirlo en el programa y para dar más ambiente al momento. Teníamos menos de un mes para organizar la puesta en marcha con el plazo que nos habíamos marcado”.

De Lamadrid remarca que pese a su buena ubicación geográfica, en el centro del pueblo, en plena Plaza Mayor, la recién estrenada infraestructura nació siendo “un edificio poco funcional” para las labores que, como epicentro de la vida social y cultural de los vecinos, tenía que cumplir. “Partimos de la base –explica el técnico- de que se trata de una infraestructura que llega a Viana con un retraso de 15 años con respecto al momento del boom de la actividad sociocultural en España. Además, es una instalación que fue diseñada con unos cánones que no habían dejado atrás la idea del teleclub, valga como ejemplo que en lo que hoy es la biblioteca había una barra de bar, y poco operativos para la labor que se quería desarrollar: la biblioteca original de únicamente 35 metros cuadrados, un salón grande en cuyo interior hay 6 columnas o estancias en el sótano o en la primera planta poco operativas y con accesibilidad deficiente. Además, dado el crecimiento que se atisbaba en el pueblo, que por entonces tenía unos 1.400 habitantes, podía quedar obsoleta en pocos años”.

Con esas premisas, lo más urgente era informar, concienciar y definir con los vecinos y los propios cargos públicos sobre en qué consistiría realmente la labor que se iba a realizar en ese nuevo edificio que, como destaca el técnico “en algunos casos resultaba muy limitada o poco definida. Había quien lo veía como una mera ludoteca donde enviar a los niños a que pasaran la tarde o quien en origen albergaba un concepto más estanco de las dependencias. Por ello se debía dejar claro tanto cuál era la verdadera función del centro como el hecho de que su desarrollo no era exclusivo del Ayuntamiento sino que debía ser algo conjunto entre éste y los propios vecinos”.

Paralelamente, añade De Lamadrid, se fueron sistematizando actividades y servicios pasando de acciones puntuales a programas continuados. El primer servicio que se puso en marcha fue el de la biblioteca, que empezó a funcionar todos los días de la semana tanto para préstamo como para lectura en sala, con fondos cedidos por la ya extinta Asociación Cultural “Joaquín Díaz” que se sumaron a los adquiridos por el Ayuntamiento. Al cabo de un año entró en funcionamiento el servicio de Información Juvenil con el que se proveía al centro de recursos informativos para el vecino, especialmente para los jóvenes, y para las iniciativas de la propia instalación. En cuanto a actividades, se estableció un calendario sistemático para todo el curso y la oferta fue creciendo a partir de las que ya existían (gimnasia rítmica, gimnasia de mantenimiento, aeróbic y las jotas de La Rotonda) añadiéndose otras realizadas en colaboración con voluntarios, como ludoteca infantil que funcionaba los viernes por la tarde y los sábados por la mañana, o aquellas, como clases para mayores, o  resultado de ceder espacio a asociaciones y colectivos para que desarrollaran sus propias iniciativas.

Consecuencia de estos primeros pasos, aproximadamente al cabo de dos años, el calendario de actividades no tenía nada que ver con el que existía antes de la inauguración del centro. Se han llegado a sumar más de 40 horas semanales de ocupación en las diferentes salas, y la coincidencia horaria o las necesidades de accesibilidad  han hecho que debamos utilizar espacios externos como el Aula Villa del Prado o el Centro Social de Jubilados. Otra prueba de ello fue que la Semana Cultural que se celebraba previa a las fiestas de agosto se trasladó a la finalización del curso en junio y se fue extendiendo en duración y contenido siendo el germen de lo que hoy se conoce como ‘Verano Cultural’ con una programación que va de junio a septiembre. Y la biblioteca, ahora integrada en la red de bibliotecas de Castilla y León ha multiplicado por diez su colección y sus usuarios.

Con esta dinámica, el temor que expone el técnico que tenía era que “los colectivos locales delegaran en el Ayuntamiento actividades que ellos podían seguir haciendo como pasó con la Asociación Joaquín Díaz cuando cedió su fondo bibliográfico y dejó de realizar la labor de biblioteca. Por eso era importante concienciar a todos, vecinos de calle e incluso vecinos que detentaban cargos políticos, de que nuestra función no era hacer cosas para la gente y que ésta se lavara las manos sino hacer cosas para la gente, con la gente y desde la gente apoyando su iniciativa pero no sustituyéndola. Como en tantas parcelas de la vida, hubo de todo: gente que siguió tirando del carro y gente que se acogió a un concepto paternalista de que el Ayuntamiento tiene que hacerlo todo. Aun así nuestra idea siempre ha sido la de colaborar favoreciendo el crecimiento personal y la autonomía de quien nos ha pedido esa colaboración y abrir nuevos caminos”.

Veinticinco años después, con sus pros y sus contras, el balance para De Lamadrid es muy positivo. “La programación ha crecido muchísimo tanto en cantidad como calidad lo que ha hecho que el público se haya ido haciendo más exigente y el político se haya dado cuenta de que para tener programación de calidad hay que invertir en Cultura porque sabe que merece la pena. Si hay algo que echo en falta es disponer de más movilidad, para hacer más trabajo de campo con grupos y desarrollar programas y no tanto de despacho, algo a lo que te obliga el tener que atender a diario los servicios que ofertamos”.

Incidiendo en el apartado de los políticos, el responsable de la Casa de Cultura señala que lo que siempre ha pedido a sus superiores jerárquicos ha sido “claridad en sus ideas y en sus criterios, puesto que mi trabajo no era ese sino llegar lo más lejos posible atendiendo a esos criterios; claridad a la hora de comunicar esos criterios y que no sean cortoplacistas en cuanto a sus objetivos puesto que en la animación sociocultural los procesos para conseguir resultados son lentos y poseen valor en sí mismos”.

Juan Jesús de la Madrid Casorrán, técnico de Cultura del Ayuntamiento de Viana de Cega.

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