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VIANA DE CEGA FINALIZÓ AYER UNA INTENSA SEMANA EN HONOR DE ‘LA MILAGROSA’

Con la celebración de un triduo, durante jueves, viernes y sábado, y con una procesión hasta la hornacina donde está una réplica en miniatura de su imagen, en la mañana de ayer domingo
'Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa' es una advocación mariana con especial arraigo en la localidad desde 1939

Juan Pablo Hervada, capellán de las Carmelitas de la Rondilla, durante la ofrenda floral del sábado.

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La parroquia de la Asunción, de Viana de Cega, ha celebrado durante la semana pasada diferentes actos en honor a ‘La Milagrosa’. Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa es una advocación mariana con especial arraigo en la localidad pues a su intercesión se le atribuyen los “milagrosos” hechos acaecidos en el pueblo en 1939 en el antiguo polvorín militar que existía en la localidad en las instalaciones de la Unión Resinera cuando la chispa de una chimenea prendió la estructura del edificio aún lleno de explosivos y los vecinos tuvieron que huir del pueblo.  

Los actos se iniciaron con un triduo celebrado durante los días 23, 24 y 25. Cada uno de esos tres días se rezó el Santo Rosario y se celebró la posterior misa participando un sacerdote invitado que ha concelebrado las ceremonias junto al titular de la parroquia, Sebastián Aldavero. Así el día 23 participó Álvaro de la Riva, vicario de la parroquia de Santiago el Real de Medina del Campo; el día 24 Francisco Casas, párroco de Villalón de Campos y el 25 Juan Pablo Hervada, capellán de las Carmelitas de la Rondilla. El sábado 25, finalizada la misa, tuvo lugar una ofrenda floral en la que tanto representantes del Ayuntamiento, con el alcalde Alberto Collantes a la cabeza, como los propios vecinos depositaron ramos a los pies de la imagen de la Virgen.

Como punto y final de los actos, ayer día 26, como domingo más próximo a la festividad católica de 'Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa', que se celebra cada 27 de noviembre, tuvo lugar una procesión con la imagen de María, adornada por las decenas de ramos ofrecidos en la jornada previa, desde la iglesia parroquial hasta la hornacina con su réplica en miniatura de la Urbanización ‘La Resinera’, espacio físico donde se encontraba ‘El Polvorín’. Durante todo el trayecto los presentes entonaron cánticos y oraciones en acción de gracias. Minutos antes de que se iniciara la procesión había tenido lugar, en el interior de la iglesia, la bendición y la imposición de las medallas de los nuevos cofrades de la recién cofradía de 'La Milagrosa' que cuenta con setenta y cinco socios.

LOS ‘MILAGROSOS’ HECHOS DE 1939

Durante la Guerra Civil, dada su cercanía a las vías del ferrocarril y la dimensión de los edificios, se emplazó en Viana de Cega, en las instalaciones de la Unión Resinera, un polvorín militar. La noche del 25 de noviembre,  terminada la guerra y con el polvorín aún lleno de artefactos militares, la chispa de una chimenea prendió la estructura del edificio.

Según cuentan los pocos que vivieron aquella experiencia, y cuyo testimonio ha ido extendiéndose generación tras generación, los centinelas asustados empezaron a correr la voz por el pueblo, temerosos de una posible explosión del material de guerra allí guardado. Los vecinos, aterrados al ver aquellas llamas que decían “tocaban el cielo”, emprendieron la huida hacia localidades cercanas o subiendo al famoso ‘Pico de la Horca’, donde la montaña atenuaría la onda expansiva en caso de explosión. Aun así, algunos vecinos se quedaron a prestar ayuda a los militares que luchaban contra el fuego.

Rayando el amanecer, cuando todos temían lo peor puesto que para vaciar el almacén tenían que arrancar las rejas de las ventanas y era un enorme trabajo para aquellas pocas manos que quedaron a sacar los proyectiles, el viento milagrosamente cambió de dirección ayudando a aquellos valientes a sofocar el incendio.

Al día siguiente, domingo en el que ese año se celebraba la festividad de 'Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa’, al regresar todos aquellos huidos se escucharon todo tipo de anécdotas curiosas, “algunas cómicas y otras terribles”.  Para muchos, el verdadero milagro fue que durante una fría y oscura noche de noviembre, con temperaturas bajo cero, hubo unos setecientos vecinos de Viana pululando por pinares y carreteras y no pasó nada, ni un catarro, ni un resfriado, ni una torcedura corriendo a oscuras. Este es, señalan los que vivieron aquello y aún moran en el pueblo, el verdadero milagro que se celebra en la localidad.

En recuerdo de todos aquellos hechos, hace más de veinte años se colocó en  la confluencia de las calles ‘Estación’ y ‘Milagrosa’ –en la zona donde se encontraba el polvorín- una hornacina con la imagen en miniatura de ‘La Milagrosa’ y hace tres, en dicha estructura, una placa en conmemoración del setenta y cinco aniversario de estos hechos.

   

 

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