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UN CALENDARIO ACADÉMICO… ¿PARA ESTUDIAR? POR MIGUEL DEL RÍO

Con la llegada del “plan Bolonia” se adelantaron las convocatorias extraordinarias de septiembre a julio
Cuando se hace una reforma educativa, un plan de estudios o, lo que nos atañe, un calendario académico no se piensa en los verdaderos protagonistas: los estudiantes

Miguel del Río Cristóbal

Con la llegada del “plan Bolonia” se adelantaron las convocatorias extraordinarias de septiembre a julio. Cuando esta situación parecía haberse normalizado, el nuevo equipo rectoral, dirigido por Daniel Miguel, decidió situar los exámenes extraordinarios correspondientes al primer semestre justo a continuación de los ordinarios, es decir, a últimos de enero. A esta modificación, de la que la entonces vicerrectora Cistina Pérez ha sido máxima valedora, hay que añadirla el inicio más temprano de las clases (en plenas fiestas de Valladolid) y que los exámenes de primera convocatoria sean justo a la vuelta de Navidad, sin que esto suponga un adelanto del fin del curso académico.

La aprobación de este calendario supuso una gran polémica, tanto entre los profesores como entre los alumnos, que resurgió hace un mes cuando se empezaban a hacer patentes las consecuencias de este cambio. Ya han pasado los exámenes; ya los hemos sufrido. Ahora toca analizarlo a toro pasado, al menos para intentar que no se repitan los mismos errores.

El problema es de base; el problema es el concepto que tiene la sociedad, y también la comunidad universitaria, del sistema educativo. Cuando se hace una reforma educativa, un plan de estudios o, lo que nos atañe, un calendario académico no se piensa en los verdaderos protagonistas: los estudiantes. Puede quedar mal que lo diga uno, pero es la realidad. La Universidad no se trata de un nivel administrativo más en el que haya que emplear al máximo de personas posibles sino de en un sistema educativo cuyo fin último es formar, también investigar, pero lo importante es la trasmisión del conocimiento para su posterior aplicación. Una biblioteca repleta de libros, un campus virtual lleno de “pedeefes” o cientos de artículos en revistas de prestigio no sirven de nada si no tienen usuarios, si no hay interacción entre los que conocen y los que desean conocer.

Esta concepción errónea lleva a no plantearse que si los exámenes se sitúan después de Navidad, los estudiantes se verán obligados a dedicar la mayor parte del período estival en estudiar. Puede parecer lógico, pues ese es su papel, pero, ¿es el momento más adecuado? ¿Es fácil estudiar en Navidades? No es baladí recordar que diciembre y enero concentran la mayor cantidad de festividades con sus compras, regalos, comidas, bebidas y, por supuesto, villancicos. Vamos, todas las distracciones posibles, lo más propio para el estudio. Y no seas de esos universitarios que estudian lejos de su familia, que justamente cuando deberías visitarlos y disfrutar de amigos y familiares te encerrarás para poder sacar adelante esas asignaturas de las que te examinas en un par de semanas. A esta situación se le añade que aquellos que quieren consultar material bibliográfico en alguna de las bibliotecas universitarias durante este periodo estival no pueden: efectivamente, están cerradas. El momento del curso en el que más necesarios son los libros, en período pre-exámenes, los alumnos no tienen la posibilidad de acceder a una de las fuentes de información más importantes para un universitario: la biblioteca. Todo un despropósito si se desea que el alumno pueda desarrollar de manera natural y exitosa sus estudios, pero ¿quién dijo que fuera ese el objetivo?

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