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¿POR QUÉ SE LLAMA CASTILLA? UN ARTÍCULO DE ENRIQUE CABREJAS

Verán, hay amplio consenso entre los especialistas en cuanto a que Castilla significaría “Tierra de Castillos”, sin embargo para explicar su etimología se ha establecido que el vocablo viene del latín “Castrum” para derivar en “Castellum” y en base a esto justificar el topónimo Castilla

Enrique Cabrejas

Verán, hay amplio consenso entre los especialistas en cuanto a que Castilla significaría “Tierra de Castillos”, sin embargo para explicar su etimología se ha establecido que el vocablo viene del latín “Castrum” para derivar en “Castellum” y en base a esto justificar el topónimo Castilla. Y en apariencia estaría claro: Castrum-Castellum-Castilla. No obstante, tras un estudio morfológico del término me consta que esa sucesión no es la correcta. Averigüé que no es su verdadera etimología, aún admito que Castilla efectivamente significa “Tierra de Castillos” y les explicaré por qué:

Miren, Castilla y que en los documentos más antiguos era nombrada como Castella, su nombre no proviene del latín Castrum ni tampoco del latín Castellum. Y es que Castella está escrito en latín. Así Castella no es castellano, es la declinación latina en el caso nominativo del plural Castellum. No se dejen engañar por las apariencias, la correlación ocurrió de otra manera y lo que voy a comunicarles a continuación les va a sorprender. Es algo inaudito y a la vez la noticia más extraordinaria que pueda anunciarles. Y es que aún nuestros antepasados ibéricos no empleasen la ortografía latina, Castilla ha sido tanto para nosotros como para ellos Castilla, bien KASTILLA.

En cualquier caso permitan que antes haga un apunte, he de esclarecer algo importante y es que  Κάστρο “Castro” es la antigua denominación de “Castillo” en griego. El nombre en latín Castrum en realidad deriva del griego una edificación en un promontorio. El latín se nutrió de antiguas voces griegas. No obstante, por otro lado, el castellano y en contra de lo que pudiera parecer no se nutrió en este caso ni de vocablos de uno ni tampoco de vocablos del otro. Lo extraordinario es que el castellano lo hizo directamente de voces ibéricas que están preexistentes en nuestro léxico. Son anteriores al latín y al griego y por ello derivan de otra raíz pre helena distinta y que conocemos bien. Y si se dijo que Castilla quería decir “Tierra de Castillos” no me cabe duda de que eso querrá decir porque los pueblos tienen memoria. Conservaron el ibérico oral y no el latín vulgar. Pero… en el topónimo Castilla ¿dónde está el sustantivo “Tierra”?, ¿dónde tenemos la preposición “de”? o ¿dónde aparecen los “Castillos”? Claro, lo damos por supuesto pero no los vemos en ninguna parte y sin embargo ¿si les digo que están? Sí. Todo. Sólo que para leerlo se requiere estar alfabetizado en idioma ibérico y sí, en efecto les confirmo que Castilla significa “Tierra de Castillos” ¿y por qué? Miren, cuando se lo muestre se van a quedar perplejos porque nosotros, que tuvimos una escritura antigua con la llegada del latín ganamos una nueva ortografía pero perdimos nuestras pretéritas funciones del lenguaje. Los castellanos en absoluto fueron celtas como se les atribuye en la que en mi modesta opinión es una descaminada historiografía. Déjenme que les diga que si no descienden de pueblos helenos: carios, lidios, licios, jonios, misios y dorios, al menos emplean sus palabras. El significado de un acrónimo ibérico es la suma de los lexemas que lo generan: KA • STIL • LA.

Fíjense por favor, el primer lexema se trata de (Κα-) “Ka-” y en griego lo escriben και; es un nexo conjuntivo pero podríamos traducirlo por “de”, ya que nuestro idioma suele emplear preposiciones. El segundo lexema se trata de (-στύλ-) “-stil-” y es una raíz pre helena que da origen a la palabra tan conocida στύλ•ος “stil-os”. Seguro que la hemos usado cientos de veces, es nuestro idioma. Naturalmente nuestros ibéricos usaban la raíz, las palabras griegas todavía no estaban completas. En la antigüedad nuestros antepasados describían así los objetos largos, es decir estilizados y que se alzaban como pudiera ser una “torre” o un “pilar”. Hablamos de un Castillo pero también de un Molino. De hecho, en castellano decimos que algo es estilizado si es un objeto “cilíndrico” o “rectangular”. Es sinónimo de una “columna” o de un “apoyo”. Incluso “fortificaciones” para rutas de patrullas o guardianes. Implícitamente “pared” que rodea ciudades y que protegía de los ataques enemigos. Son “muros”, “empalizadas”. En sentido figurado puede darnos a entender que se tienen “fuertes fundamentos” o que “no pueden ser destruidos con facilidad”, son prácticamente una “fortaleza”. Por implicación, cualquier cosa que actuase como “garante” o “defensor”. También lo que llamamos como “los valores” o “las ideas”. Todo eso es estilo aunque no fuéramos conscientes de ello y es una palabra nuestra, puramente ibérica y que luego en griego y latín se universalizó sí, pero que tenemos en nuestro léxico desde un inicio y es que los celtíberos nos dieron esa lengua extraordinaria que usamos, aún cómo podemos observar está mal atribuida en los diccionarios, enciclopedias, etc. Luego, con el tiempo ha derivado a asuntos relacionados con la moda y ha perdido sus primigenias acepciones y la de entonces fue alzar hacia los cielos y construir castillos. Y para finalizar el tercer lexema se trata de (-λᾷ) “-la”. Un vocablo que significa “roca” o “piedra” y que es el material con el cual se construyen castillos y además “•las” significaba Tierra.

En lingüística los acrónimos son vocablos formados al unir parte de dos o más palabras. Esa clase de acrónimo es el tipo de nombre que es KA • STIL • LA y es el modo común de uso de la sintaxis de los íberos y los celtíberos que aquí se complementa de tres elementos claramente identificables. Y es necesario apuntar que el sentido de un acrónimo es la suma de los significados de las palabras que lo generan. La lengua castellana fue una gramática planificada en la antigüedad y no el fruto de derivaciones foráneas o del caprichoso azar como se tuvo por más cierto. Por lo tanto, aquello que hablamos en castellano no son propiamente palabras y si lo reflexionan tiene lógica porque al igual que los antiguos griegos construyeron sintagmas de unir sus palabras, cabe pensar que nuestros antepasados ibéricos hicieron lo propio con las suyas y en consecuencia sus frases son nuestras palabras y que inadvertidas constituyen hoy la base del léxico del idioma español. El nombre de CASTILLA es una frase ibérica que literalmente significa “Edificaciones en piedra””, así podemos concluir con toda seguridad que Castilla ciertamente significa: TIERRA DE CASTILLOS. ¿No les parece algo extraordinario?

BIO EXPRÉS

Mi nombre es Enrique Cabrejas Iñesta, nací en Barcelona y me eduqué en las Escuelas Pías de San Antonio Abad. Soy investigador de la historia del lenguaje y políglota; me expreso en ocho idiomas y adquirí profundos conocimientos de otros varios contemporáneos, medievales y antiguos. Combiné siempre que me fue posible el quehacer cotidiano con la lingüística, la historia, la literatura y la mitología, convirtiéndome de esta última en un experto mitógrafo. Viví y estudié en Cambridge, Módena y Moscú para mejorar en idiomas y en lectura de literatura clásica. El 21 de Abril de 2012 descifré la escritura ibérica, siendo respaldado por el insigne PhD. Professor Oleg Bazaluk de la National Pedagogical Dragomanov University, asimismo invitado a dar conferencias y presentaciones sobre los iberos y celtíberos en distintas universidades de Europa y desde entonces ponente de la Sociedad Filosófica Internacional (SFIC); autor en la revista académica Ph&C; miembro del consejo de redacción de la revista científica Future Human Image Scientific Journal; revisor de documentos científicos en el área de humanidades de la revista Cogent OA – Taylor & Francis Group y otras publicaciones científicas; indexado como científico por las autoridades científicas rusas. He publicado cerca de 200 trabajos y estudios en Academia.edu y otras plataformas como investigador independiente desde 2013. En apenas tres años, publiqué dos libros como autor de la trilogía EL SECRETO ÍBERO: Karuo (2013), Hijos de Titanes (2015). A la vez he participado como co-autor en ediciones publicadas por notorias instituciones culturales españolas como son la Institución de Estudios Complutenses y la Diputación Provincial de Guadalajara en los encuentros de Historiadores del Valle de Henares. Cuento desde 2014 con el aval de reputados académicos, doctores y científicos internacionales. Siendo respaldado aproximadamente en una cincuentena de áreas del conocimiento: Filosofía del Lenguaje, Ontología, Filosofía Antigua y Fenomenología, entre otras materias. Como gramático, mis hallazgos y teorías han sido recogidos por numerosos medios de comunicación y prensa en todo el mundo. En la actualidad estudio inéditas etimologías y topónimos de pueblos de España a partir de la escritura y lengua ibérica.

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