Cultura y tradición
Olmedo encara el final de sus fiestas tras un domingo con un tercer encierro mixto complicado
Caballistas y mozos se tuvieron que emplear a fondo para lograr que todos los astados accedieran a la parte urbana del festejo y, posteriormente, a la plaza de toros
Helena Masedo Garzón
Olmedo continúa celebrando sus fiestas patronales, en honor de San Miguel y San Jerónimo, con una presencia capital de los festejos taurinos en general y de los encierros mixtos en particular, dentro de su programa.
El tercero de estos últimos arrancaba es domingo, 27 de septiembre, a las 11:00 horas. Más de una centena de espectadores se ha reunido bajo un cielo nublado, a la espera del cohete que iniciaba el evento. Sin embargo, las reses, procedentes de la ganadería Sotoverde, de Aldeamayor, han demorado varios minutos su salida de los corrales rompiendo al galope en el instante en que atravesaban las puertas.
Caballistas y astados (seis bueyes y cuatro toros) cruzaron el primer campillo a gran velocidad, y los mozos de a pie emprendieron la marcha hacia las talanqueras. Momentos después, varios bueyes y un semental castaño se descolgaban de la manada.
Uno de los toros, un zaino, se adelantaba y llegaba a la explanada que conduce al embudo trotando hasta las talanqueras superiores, mientras un grupo de caballistas intentaba detenerlo. Finalmente, los jinetes cercan al animal contra la barrera, y este se aproxima hasta la manga del encierro sin oponer resistencia. No se demora en desaparecer en las calles tras el aplauso que le dedica el público.
Entretanto, el resto de la manada, a excepción del semental castaño, cruza con éxito el puente y se despliega tras alcanzar la explanada. Los mozos citan a las reses desde las vallas y los jinetes, desde sus monturas, lo que propicia la división de la torada: un castaño se lanza hacia la calle, mientras que sus hermanos, un sardo y un jabonero, amagan varios embistes a los caballos. Tras varios intentos fallidos de reconducción del ganado, el morlaco sardo accede al embudo después de que los garrochistas, y en especial los jinetes de Sotoverde, lo agrupen con los mansos. El jabonero, en cambio, recorre al trote la línea entre el campo y el asfalto antes de volverse y encarar el trayecto de vuelta a toriles. Los asistentes lo citan desde la talanquera, pero el macho continúa su carrera.
Muchos de los caballistas se limitan a contemplar la escena. Solo unos pocos tratan de reconducir al semental, que, tras un par de intentos y citaciones, se detiene en medio de la explanada. El griterío de los mozos lo incita de nuevo, pero el morlaco se resiste a pisar el asfalto.
Entretanto, el castaño, que se había quedado rezagado, es finalmente reagrupado con los bueyes. Azuzados por los caballistas, quienes los rodean, alcanzan también al jabonero. Es el bayo quien acapara la atención de los aficionados que lo siguen a la carrera y el que encabeza la manada, pero también es el primero en descolgarse de ella en dirección al asfalto. Solo el castaño logra atravesar el embudo y acceder a las calles.
La reticencia del bayo obliga a los garrochistas a desviar también a los bueyes y a tratar de reconducir a los animales. La tarea se complica cuando el semental, finalmente, alcanza el asfalto y embiste dos de las talanqueras. Uno de los espectadores logra sortear al astado cuando esta carga contra el vallado, lo que provoca gritos de alerta entre el resto de los asistentes. Los aficionados más experimentados, ayudados por silbidos y chaquetas, logran, finalmente, reorientar al animal hacia el embudo.
Arropado por caballistas y mansos, el jabonero finalmente accede a las calles. El recorrido del encierro urbano se inunda de gente que sigue a las reses y a los bueyes; saben que, a continuación, tendrá lugar la capea en la que se lidiarán los toros protagonistas en el próximo encierro campero.
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