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Nessun Dorma. Capturas escritas por Saúl N. Amado

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Una voz fuerte e inconmensurable penetraba en mis oídos. Era por la noche y al calor de una hoguera rural cantaba Pavarotti. Me acerqué a la radio para escucharlo mejor y, justo en ese momento, la voz se difuminó.

Por allí pasaba Eduardo, amigo y compañero, gran aficionado a la ópera. Fue él quien me invitó a escuchar el fragmento completo del magnífico tenor. El título me hizo pensar: Nessun dorma.

Vivimos en un país en el que la pasividad y la apatía aprietan fuerte en los corazones de las personas, donde los dormidos ocupan una posición primordial en la jerarquía social y los despiertos recaen en su propio anhelo motivador. Quién soy yo para juzgar a nadie y mucho menos para despertar a aquellos que prefieren dormir a la luz de su indolencia.

La dejadez –hablando de personal falto de ideales– que pasea por las calles de mi ciudad es brutal. Personas incompletas a las que les falta un pedazo de algún elemento complementario que les llene de alegría, ya sea el amor, una buena calificación, una buena remuneración, o simplemente un acto de buena fe.

Un hecho unánime y fraternal como el de ayer, Día Internacional contra el Cáncer de Mama, donde el color rosa lucía y brillaba por los rincones. Ayer pude ver cómo muchas personas, amigos, familiares… se mojaban con este asunto, cómo aportaban su granito de arena. Con un mero hecho de solidaridad, como es colgarse el lazo rosa, se demuestra que los “dormidos” son una mínima parte de la sociedad; que con cuestiones tan importantes y delicadas como éstas la comunidad se vuelca aportando su mejor sonrisa. Ayer pude apreciar –y sentir– que ese elemento que complementa –y completa, por qué no– a las personas está vivo y, aunque a veces parezca que está dormido, solamente está descansando.

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