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MARCOS DEL VALLE: “PREGONAR LAS FIESTAS DE BOECILLO ES UN HONOR QUE QUEDARÁ GRABADO EN MI CORAZÓN Y MI MEMORIA”

  • El cocinero boecillano, afincado en Salamanca, dará el pistoletazo de salida de las Fiestas de Nuestra Señora de la Salve el jueves a partir de las ocho de la tarde
  • Señala que aunque lo suyo es la cocina y no los discursos lo que diga a sus vecinos ese día “será de corazón”

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El cocinero boecillano Marcos del Valle, actualmente afincado en la ciudad de Salamanca ejerciendo las funciones de jefe de cocina del Mesón de Gonzalo, será el encargado de abrir el jueves las Fiestas de Nuestra Señora de La Salve de Boecillo con su pregón.

Estado de vacaciones en La Coruña, justo llegado de la playa, recibió la llamada del alcalde la localidad, el popular Raúl Gómez, para encomendarle esta misión. Si bien el cocinero se quedó muy sorprendido de la propuesta, puesto que como él mismo ha señalado a esta redacción “ni me lo esperaba para nada, ni me lo podía imaginar”, ya tenía tomada la decisión en el mismo momento que colgaba la llamada de Gómez tras pedirle un par de días para contestar.

Del Valle define como “un honor que quedará grabado en mi corazón y mi memoria para siempre” lo que está a punto de ocurrir el jueves a eso de las ocho de la tarde. Por ello intentará inaugurar la fiesta lo mejor posible. Además, cuando se le pregunta qué es lo que contará a los vecinos desde el balcón del Ayuntamiento, señala que aunque lo suyo es la cocina y no los discursos “lo que diga será de corazón”. Y si bien le gustaría poder disfrutar de estos días junto a los vecinos del municipio, el trabajo y el hecho de que en Salamanca sean también las fiestas y días de mucho trabajo, le obligará a marchar rápidamente a la capital charra para desempeñar su labor profesional.

APASIONADO DE SU PROFESIÓN

Desde el punto de vista de la cocina, Marcos del Valle se define como “una persona muy sencilla a la que le encanta su trabajo. Disfruto muchísimo haciendo lo que hago y aunque mi profesión es un poco a contracorriente y sacrificada soy muy feliz cocinando  e intentando innovar día a día para los demás”

Comenzó su formación en Boecillo, en el Casino de Castilla y León,  donde compatibilizó el estudio con el trabajo. “He pasado por todas las categorías, desde friega platos hasta llegar a Chef y me siento muy orgulloso de ello” señala del Valle.

Tras estos inicios, se incorporó al equipo de Alberto Chicote durante tres años y de ahí marcha a Shanghái a representar a España en la Expo del 2010. A su vuelta se suma inmediatamente al equipo de cocina del empresario Gonzalo Sendín y ahí sigue hasta la fecha al cargo de dos restaurantes como Chef Ejecutivo. 

Algunos de sus platos han tenido reseñas y recomendaciones en revistas gastronómicas afamadas del mundillo. El año pasado ganó el Primer Premio a los mejores callos en la segunda edición  del Campeonato Mundial de Callos celebrado en  Oviedo. Como anécdota asociada a este triunfo, del Valle nos cuenta que  el gran chef Martín Berasategui estuvo de visita en el restaurante, probó esos callos y tanto debieron gustarle que repitió plato.

Preguntado si se identifica más con la cocina tradicional o con la nueva cocina, del Valle reconoce no entender la una sin la otra. “La base de mi cocina es la tradicional y a partir de ahí suelo innovar algunos platos dándoles toques personales míos con todos los conocimientos adquiridos durante mi vida profesional, incluyendo técnicas orientales aprendidas en mi estancia en Shanghái”.

Si tuviera que diseñar un plato inspirándose en Boecillo, el pregonero relata como hace unos años, “trasteando por aquí y por allí” comenzó a juntar unas mollejas con un poquito de boniato, un  trufa, mirin, plátano frito, y algún que otro ingrediente, cuyo resultado fue «un cóctel de sabores que nos llamó la atención por su sabor» y que comenzó a dar a probar a mis clientes fuera de carta.

“Cuando me preguntaron cómo se llamaba el plato lo primero que me vino a la cabeza fue  ‘Mollejas boecillanas’–añade Marcos-. El plato estuvo disponible  fuera de carta como tres meses pero luego lo retiramos pues mi jefe quería la cocina más tradicional y este plato era para él muy moderno. Pasaron unos años y un fin de semana que estábamos a tope de trabajo vino un camarero a decirme que había una clienta que quería unas ‘Mollejas boecillanas’ Evidentemente la sorpresa fue tremenda y salí a hablar con ella. Era una señora de Bilbao, que había estado en el restaurante hacía dos años y recordaba esas mollejas y su nombre. Generalmente cuando estamos con mucho trabajo nos atenemos a los platos de carta, pero al oír su petición se me cambio la cara se me iluminaron los ojos y me sentí tan orgulloso que se las hice inmediatamente”.

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