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LOS VIANEROS CELEBRAN LA FESTIVIDAD DE LA MILAGROSA

La veneración que los vecinos tienen a esta advocación mariana se debe a lo que en la localidad se denomina como ‘el milagro de 1939’
El pasado año se instaló una placa en memoria de este hecho en los vestigios de la antigua Unión Resinera Española

Juan J. Villalba Pinilla

Los vecinos de Viana de Cega celebraron ayer domingo la festividad de la Virgen Nuestra Señora de la Milagrosa que según el calendario católico se conmemora el 27 de noviembre.

A las doce y media del mediodía daba comienzo en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción la misa oficiada por el párroco local Julio de Miguel al que acompañaron cientos de fieles devotos así como algunas de las autoridades locales con la Juez de Paz, Gloria Gutiérrez y el alcalde, Alberto Collantes, a la cabeza.

Finalizada la ceremonia religiosa se abrieron las puertas del moderno templo vianense edificado en 1965 y dio comienzo la procesión con la imagen de la virgen, portada a hombros sobre unas andas por cuatro lugareños, que recorrió varias rúas del municipio hasta llegar a la confluencia de las calles ‘Estación’ y ‘Milagrosa’.

Allí, frente al pilar  que queda como único vestigio de lo que fue la instalación que la Unión Resinera Española tuvo en Viana  y que sustenta la hornacina con la imagen en miniatura de la Milagrosa, se entonó la Salve en honor a María antes de reiniciar la marcha en dirección a la iglesia. Hay que recordar que en ese mismo pilar se instaló el pasado año una placa en conmemoración del setenta y cinco aniversario de un suceso que en Viana se considera como “milagroso”. 

El milagro vianero de 1939

Durante la Guerra Civil, dada su cercanía a las vías del ferrocarril y la dimensión de los edificios, se emplazó en Viana un polvorín militar en las instalaciones de la Unión Resinera. La noche del 25 de noviembre –ese año la festividad se celebraba el domingo 26- terminada la guerra y con el polvorín aún lleno de artefactos militares, la chispa de una chimenea prendió la estructura del edificio.

Según los relatos de los más ancianos del lugar, alguno testigo de aquellos hechos, los centinelas asustados empezaron a correr la voz por el pueblo, temerosos de una posible explosión del material de guerra allí guardado. Los vecinos, aterrados al ver aquellas llamas que decían “tocaban el cielo”, emprendieron la huida hacia localidades cercanas o subiendo al famoso Pico de la Horca, donde la montaña atenuaría la onda expansiva en caso de explosión. Aun así, algunos vecinos se quedaron a prestar ayuda a los militares que luchaban contra el fuego.

Rayando el amanecer, cuando todos temían lo peor puesto que para vaciar el almacén tenían que arrancar las rejas de las ventanas y era un enorme trabajo para aquellas pocas manos que quedaron a sacar los proyectiles, el viento milagrosamente cambió de dirección ayudando a aquellos valientes a sofocar el incendio.

Durante el domingo siguiente, al regresar todos aquellos huidos se escucharon todo tipo de anécdotas curiosas, “algunas cómicas y otras terribles”. Pero el verdadero milagro fue que durante una fría y oscura noche de noviembre, con temperaturas bajo cero, hubo unos setecientos vecinos de Viana pululando por pinares y carreteras y no pasó nada, ni un catarro, ni un resfriado, ni una torcedura corriendo a oscuras. Para muchos, este es el verdadero milagro que se celebra en Viana de Cega.

Aproximadamente hace veinte años se colocó la hornacina que alberga la imagen en miniatura de la Milagrosa. 

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