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Finalizó el II Campus Gustavo Aranzana organizado por el Club Baloncesto Aldeamayor

  • Las instalaciones deportivas de Aldeamayor Golf han sido el escenario donde medio centenar de niños de edades comprendidas entre 6 y 16 años han disfrutado y aprendido de este deporte de la mano de una leyenda del baloncesto nacional

Juan José Villalba Pinilla

Las instalaciones deportivas de Aldeamayor Golf, en Aldeamayor de San Martín, han albergado del 27 al 31 de julio el II Campus de Baloncesto Gustavo Aranzana, organizado por el CD Baloncesto Aldeamayor. Han participado medio centenar de niños, de edades comprendidas entre los 6 y los 16 años, llegados no solo de la localidad anfitriona sino de otras como Valladolid, Arroyo de la Encomienda, Boecillo o La Pedraja de Portillo.

HISTORIA DEL CAMPUS

La idea de organizar este campus arrancó hace cuatro años, aunque los dos primeros el esfuerzo cayó en saco roto porque, como explica el presidente de la entidad, Francisco Morales, “no teníamos la cantera que, gracias a las escuelas que gestionamos, tenemos ahora”.

Tras dar el paso de crear una estructura deportiva de base, tener nueve equipos infantiles en ella y sumar al proyecto a Gustavo Aranzana como piloto del campus, el club lo volvió a intentar el pasado año con resultados diametralmente opuestos. En 2025 salió con 40 niños y este año con 49 cerrando las inscripciones tres días después de abrirlas al colgar un figurado cartel de “no hay billetes”. Además del gancho que supone Aranzana, traer a jugadores y exjugadores como Jorge Martínez, del UEMC Real Valladolid Baloncesto; Sergio de la Fuente; o Juan García – Abril, capitán del IEMC Real Valladolid Baloncesto también tiene un efecto llamada importante, explica Morales.

Para el presidente, la organización de estos campus cumple la doble función de mantener el contacto con los niños de las categorías inferiores durante el periodo estival, fomentando el deporte y la convivencia, así como dar a conocer nuestro proyecto de la entidad fuera de las fronteras de Aldeamayor, “algo que creo que conseguimos al dar cabida a niños de otras localidades”.

Por último, Morales tiene palabras de agradecimiento a los 49 participantes de este año “por su entrega, sus ganas de aprender y la energía que han demostrado en cada entrenamiento, a todo el equipo de entrenadores y colaboradores “por el enorme trabajo realizado, por compartir su experiencia y por hacer que cada niño y niña disfrute de una experiencia inolvidable” y, por supuesto, a las familias “por vuestra confianza y por acompañarnos un año más. Nos despedimos con la satisfacción del trabajo bien hecho y con la ilusión de volver a encontrarnos muy pronto. Han sido unos días llenos de aprendizaje, esfuerzo, compañerismo y, sobre todo, mucha ilusión por el baloncesto”.

‘CAMBIAR EL CHIP’

Como se ha señalado líneas arriba, el campus lleva el nombre y está dirigido por Gustavo Aranzana, que vive una segunda juventud en el baloncesto dirigiendo los designios del Agrocesa Aldeamayor, equipo que milita en la Primera Nacional B y que es, por tanto, el buque insignia del club organizador

Y es que a Aranzana, histórico del baloncesto, lo de dirigir campus no le es ajeno, si no todo lo contrario, pues es algo que ha compatibilizado con sus tareas como entrenador en la élite de este deporte.

“Yo he hecho muchísimos campus, míos propios o como parte del staff, en diferentes puntos de la geografía nacional. Desde Valladolid a Cartagena pasando por León o Béjar, siempre he estado involucrado en este tipo de campus de verano con niños. Es algo me gusta. En alguno, como el Pizarro en Béjar, llevo participando diez años metiendo más de 250 niños en dos turnos por lo que es algo que no me pilla de sorpresa” señala a esta redacción el propio técnico.

“Hay que cambiar el chip, pues no es lo mismo trabajar con jugadores profesionales que con niños y niñas que están en periodo de aprendizaje. Tienes que repetir, tener paciencia y muchas veces hacer hasta de padre para poder llevar a unos niños que conviven durante varias horas al día” señala Aranzana que ha participado, incluso, en campus donde los chavales estaban internos.

“Lo importante -añade- es que los niños se diviertan, aprendan y que tengan un recuerdo maravilloso de los días que han convivido. Que socialicen y creen amigos. Que aprendan a convivir, reírse, disfrutar y que siempre tengan ese recuerdo bonito de este tipo de experiencias”.

DESARROLLO

En el caso del campus que nos ocupa, las cinco jornadas se han desarrollado de 9:00 a 14:00 horas distribuyendo al medio centenar de niños, en función de las edades, en cinco canchas a razón de 2 equipos de canasta grande y 3 equipos de canasta pequeña. Durante esas horas se ha trabajado la técnica individual, de driblin, de pase, o de tiro, y la táctica, con dinámicas 2×2, y 3×3, hasta llegar al último momento, a los últimos días, en los que se ha competido 5 contra 5. Además, algo que para Aranzana ha sido un plus en esta experiencia, es el hecho de contar con máquinas de tiro. “Tener una máquina de tiro, en la cual todos los grupos y todos los niños han practicado, es algo muy divertido, pues para ellos es una novedad” resalta.

El balance del vallisoletano es muy positivo “porque, en primer lugar y lo que es más importante, los niños y sus familias han estado encantados. Hay que destacar la predisposición de los padres para llevar y recoger a los niños cada día y la sonrisa con la que los chavales salían todos los días al finalizar las jornadas. En segundo lugar, hemos crecido en número de participantes y, por último, a nivel de contenidos hemos estado mejor que el año pasado. Además hay que destacar el buen ambiente en el desarrollo del trabajo, en la participación y en las ganas”.

En este punto, Aranzana tiene palabras de reconocimiento para los seis monitores que han trabajado con él -Arturo, Mariano, Dani, David, Marcos y Olga-, para Noe, una madre que ha estado allí todas las mañanas cuidando a los niños y encargándose de los almuerzos, y, por supuesto, para Fran, el presidente del club, “que es el motor de todo esto y una persona que se desvive por el club y por el pueblo”.

El entrenador espera que el año que viene, de vuelta de nuevo a las instalaciones tradicionales, pabellón y frontón municipales, se puedan inscribir más niños.

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