Aldeamayor rinde homenaje a Pilar Sanz Gil tras cumplir 100 años
Lo hizo en un acto, celebrado ayer en el Ayuntamiento, en el que estuvieron presentes familiares, autoridades municipales y vecinos
Juan José Villalba
En la tarde de ayer lunes el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Aldeamayor albergó el sentido homenaje que los vecinos de Aldeamayor rindieron a Pilar Sanz Gil, vecina de la localidad, tras cumplir sus 100 años de edad el pasado domingo.
Además de una representación de las autoridades locales, con el alcalde, Roberto Martínez, y el concejal de Hacienda, Ángel Sánchez, también acudieron al sencillo pero emotivo acto gran parte de su familia, sobrinos, sobrinos nietos, etc. así como numerosos vecinos que aprovecharon para mostrarla su cariño.
Así, en representación del consultorio, Martínez puso en valor la experiencia que atesaran los mayores, máxime como el caso de Pilar quien con un siglo a sus espaldas a vivido algunos de los episodios más importantes de nuestra Historia reciente.
Por parte de sus familiares, uno de sus sobrinos de mayor edad, Gerardo Pérez, tomó la palabra para glosar la figura de su tía destacando en él la palabra ‘generosidad’ y ejemplificando esto en que, a raíz de la muerte de su madre en mayo de 1953, Pilar decide cambiar su prioridad y dedicarse a la atención personal de su padre, hermanos y hermanas convirtiéndose en una madre de familia para todos ellos. Esa generosidad, explicaba Gerardo, se ha ido ampliando a las generaciones que se fueron añadiendo a su familia.
También le dirigió unas palabras el párroco de Aldeamayor, José María Gil, quien ejemplificó el valor de la ancianidad con algún que otro ejemplo tomado de los evangelios.
El acto concluyó con la entrega de una placa por parte del Ayuntamiento, un ramo de flores por parte de la familia y con la interpretación a violín por parte de otro familiar del «Hallelujah» de Leonard Coen y, por supuesto, del Cumpleaños Feliz.
Otro de sus sobrinos, Álvaro Sanz Ferrero señalaba que “su vida no ha sido fácil, como la de la mayoría de las personas de su generación, pero siempre ha conservado la ilusión por vivir, el cariño por los demás y una sonrisa pintada permanentemente en su cara con la que nos regala cuando vamos a visitarla.
Siempre mantuvo su fe en Dios, su devoción a la Virgen de Compasco y un profundo amor por su familia, convecinos de Aldeamayor y todas las personas que compartieron vivencias con ella.
Porque otra de sus virtudes, que probablemente le ha hecho llegar a esta longeva edad, es su gran bondad: hacer el bien a los demás es un principio ético que le inculcaron sus padres y siempre ha practicado.
Felicidades por tu centenario, tía Pilar, porque cien años no son solo tiempo, son un legado de vida, con el que nos regalas cada día que compartes con nosotros”.


