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Adolfo Suárez: un hombre bueno

La bondad de una persona se refleja en su cara. No es una ley científica, pero puede ser una correlación estadística psicológica. Y al presidente de la transición entre la dictadura y la democracia, Adolfo Suárez, se le notaba la bondad, sobre todo cuando sonreía.

José Melchor Martín Bueno

No hay que confundir la bondad de Suárez con el "bueno de Suárez", que connota simpleza, porque no dio muestras de bobalicón, sino de todo lo contrario.

Sería redundante hasta la saciedad hablar del mito Suárez, bastante empacho hemos tenido estos días pasados. La muerte engorda los mitos hasta el absurdo y la "falacia narrativa" (Nassim N. Taleb) de las porteras tertulianas y los periodistas convierten los hechos pasados en cuentos urbanos, maquillándolos hasta lo irreconocible. 

Suárez no fue el Capitán Trueno de nuestra infancia. Pero supo coordinar con pragmatismo un cambio político que estaba cantado por las condiciones político-sociales del entorno. España era una anomalía en Europa y si queríamos progresar y dejar de ser sólo la España cañí del pasodoble, debíamos normalizar nuestras estructuras políticas, económicas y sociales. Y debíamos porque se daban las condiciones para ello: el ambiente era favorable. De la misma manera, aunque en sentido contrario, el asalto al Congreso del guardia civil Tejero fue una patochada: no había condiciones; no se pueden cultivar naranjas en la meseta Norte.

Una muestra fundamental de agudeza de Suárez fue, en julio del año 1977, el nombramiento como Ministro de Economía y Hacienda del palentino Enrique Fuentes Quintana; posiblemente el economista más idóneo de la época; quien ejerció anteriormente de catedrático de Economía Política y Hacienda Pública en la Universidad de Valladolid, catedrático de Hacienda Pública y Derecho Fiscal en la Complutense de Madrid y, después del reto político, Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Nacional de Educación a Distancia en la que se jubiló. La mayor parte de los estudiantes de Economía en España, da igual en qué universidad, hemos estudiado con sus famosos, densos, largos y completos apuntes de Hacienda Pública.

Fuentes Quintana, en poco más de siete meses en el Gobierno de Suárez, dejó la huella de sus conocimientos económicos y su talante político.

En el año 1977 la economía española estaba en crisis, acusaba los efectos negativos de la primera gran subida del precio del petróleo de 1973: estancamiento económico, repunte del desempleo, elevado déficit en la balanza de pagos, aumento de la deuda pública, estructuras económicas anquilosadas y elevadas tasas de inflación.

Ante tal patología, Fuentes Quintana lo tenía muy claro: "O los demócratas acaban con la crisis económica española o la crisis acaba con la democracia", frase que había oído al socialista catalán Joan Raventós. De modo que redactó el documento del Acuerdo sobre el Programa de Saneamiento y Reforma de la Economía, es decir, la parte económica de los Pactos de la Moncloa. El texto aunó a todos los partidos políticos y a la mayoría de los sindicatos y sentó las bases de un sistema económico armonizado con los de su entorno, o lo que es igual, cimentó la infraestructura del régimen democrático.  

Poco después de que fueran aprobados los Pactos de la Moncloa, Fuentes Quintana dimitió porque no quiso aguantar el cabildeo ejercido por parte de las empresas eléctricas a través de UNESA, la patronal eléctrica.

Compárese a Enrique Fuentes Quintana con el actual ministro de Economía, en cuyo  currículum vítae se dice, entre otras cosas, que habla inglés (aunque a mí me parece que no economía); que ha mostrado un gran interés por el sistema financiero, el que nos ha traído donde estamos ahora, y por la auditoría; y que fue asesor del banco de inversión Lehman Brothers, cuya quiebra resquebrajó los pilares financieros de Estados Unidos en 2008. Claro que en 2003 mientas ocupaba el cargo de Secretario de Estado de Economía con Aznar, ya se cubrió de gloria con esta predicción: "[En España] no hay burbuja inmobiliaria, sino una evolución de precios al alza que se van a ir moderando con más viviendas en alquiler y más transparencias en los procedimientos de urbanismo" (Diario ABC, 2 de noviembre). 

Ahora también, como entonces, lo que necesitamos son hombres buenos, como Suárez, que se rodeen de buenos y honrados técnicos.

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